En realidad, se sabe poco acerca de los vínculos de El Libertador con nuestro país (Cuba). Su primera nodriza, Inés Mancebo, era una cubana de Santiago. Cuando salió hacia España escribió en Veracruz una carta en la que menciona a La Habana. Más tarde pasa por la capital de la Isla. La primera conspiración antiespañola que se organiza aquí lleva el nombre de Soles y Rayos de Bolívar, denominación tomada de una frase en la que el prócer afirma que es un sol que echa rayos por todas partes, y esa conspiración es dirigida por oficiales bolivarianos. Durante la celebración del Congreso de Panamá, al que Cuba no asiste por no ser nación independiente, Bolívar imparte instrucciones secretas a la delegación peruana para que exponga el tema de la independencia de Cuba y Puerto Rico, y a fin de que en la Isla se tuviera información de primera mano sobre los debates de la reunión nombra a los cubanos José Agustín Arango y Fructuoso del Castillo como secretarios de la delegaciones de Perú y Venezuela, respectivamente. (selección del artículo: Era santiaguera la nodriza de Bolívar de Ciro Bianchi Ross)
BOLIVAR NIÑO
Al momento de nacer Bolívar Niño, su madre padecía secuelas de una tuberculosis que le impidió amamantarlo; para fortuna del destino de América, la vecina Inés Mancebo de Miyares, de origen cubano, recién había dado a luz, y pudo compartir su leche materna con “Simoncito”, como cariñosamente lo llamaban los esclavos, mientras llegaba de la hacienda de San Mateo, una vigorosa esclava de nombre Hipólita, de treinta años, que estaba próxima a dar a Luz, y que se convertiría en la nodriza del Libertador…
Años más tarde escribirá Bolívar: “Fue ella la que en mis primeros meses me arrulló en su seno… mi antigua y digna amiga, la señora Mancebo de Miyares que, en mis primeros días, me dio de mamar… Qué más recomendación para quien sabe amar y agradecer..?” (Jorge Mier Hoffman)
11 Jul
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Por Marlene Montoya Maza
A Emilio Bacardí Moreau, fallecido hace 80 años un 28 de agosto, debe Cuba la fundación de su primer museo, en 1899, luego de una tesonera labor en la recolección de piezas y valiosas reliquias de las Guerras de Independencia.
Esa noble iniciativa tuvo el respaldo de patriotas y familiares, quienes donaron objetos que enriquecieron rápidamente las colecciones de la institución nacida en Santiago de Cuba.
El 12 de febrero de dicho año abrió sus puertas en las casas marcadas con el 25 y 27 en la calle de Santo Tomás de la urbe oriental. Allí permaneció dos años y posteriormente fue trasladado a San Francisco alta número 13 y a Enramadas baja número 26.
Esos inmuebles no reunían las mejores condiciones para preservar los valores y preocupados por el daño que ocasionaban a las colecciones, sus creadores iniciaron las gestiones para construir un nuevo edificio.
Para esos fines fue cedido por el Ayuntamiento el terreno que ocupaba el Cuartel de Dolores, en la intersección de las calles Aguilera y Pío Rosado, en pleno corazón santiaguero.
En 1922 comenzaron los trabajos que concluyeron gracias a la abnegada contribución de su esposa Elvira Cape y otras personalidades amigas.
El 20 de mayo de 1928 fue inaugurado el museo con el nombre del prestigioso intelectual, hombre de vasta cultura en quien se conjugaron las cualidades de cronista, pintor, escritor y patriota, pues fue deportado en dos ocasiones por conspirar contra España.
Como alcalde de Santiago desplegó una importante labor que lo convirtió en precursor de un nuevo tipo de administración, puesta al servicio de los intereses del pueblo y no de una clase social privilegiada.
Emilio Barcadí trabajó infatigablemente a favor de la nacionalidad cubana y el auge de la cultura. Cooperó en el rescate y conservación de la casa natal del poeta José María Heredia para la futuras generaciones.
Fundó, además, la Banda de Música Municipal y creó la Academia de Bellas Artes, escuelas y bibliotecas públicas.
A su paciente entrega se debe hoy la existencia en el museo de objetos de valor excepcional, como pertenencias de los generales orientales de las gestas libertarias, así como también de José Martí, Carlos Manuel de Céspedes y muchos otros patriotas.
Una de las mayores atracciones es, sin dudas, la momia traída por él desde Egipto para su exposición en el centro.
Atesora, además, una colección de pinturas europeas procedentes del Museo del Prado, en Madrid, y obras de famosos pintores cubanos.
A él se debe la electrificación de buena parte de la ciudad, el asfaltado de sus calles, la construcción de la escalinata de Padre Pico y la Fiesta de la Bandera, cada 31 de diciembre, cuando hace 100 años arrió la bandera norteamericana del mástil del balcón central del Ayuntamiento e izó la cubana.
Como escritor dejó las conocidas Crónicas de Santiago y obras como Vía Crucis, La Condesa de Merlin y Hacia tierras viejas.
También colocó tarjas en lugares históricos de la ciudad, para recordar a personalidades y hechos de relevancia.
El Museo Emilio Bacardí es, desde su fundación, difusor de cultura. Rescata, investiga, conserva y expone los bienes culturales con fines educativos, y pone el conocimiento de la historia en función del pueblo, tal como quiso su máximo inspirador. (Tomado de AIN)
11 Jul
Posteado por: chago in: Cultura, Educación, Historia, Personalidades
Alcalde de Santiago de Cuba tras el cese de la dominación española en 1898
Desde niño mostró afición por la poesía y la pintura. A fines de 1867 el Liceo de Puerto Príncipe le premió su memoria Conveniencia de reservar a la mujer ciertos trabajos. A fines del año siguiente intenta, con José D. Pullés y otros, deponer al gobernador de Oriente y formar una Junta de Gobierno, pero todo fue descubierto en pocas horas. En 1876 sufrió prisión en Chafarinas por su contacto con los insurrectos. Fue deportado en 1879. Durante la guerra del 95 sufrió prisión de nuevo, esta vez en Ceuta (1896), por la ayuda en armas prestada a los patriotas. Tras el cese de la dominación española en 1898, fue alcalde de Santiago de Cuba. Desde este puesto propuso la creación de un museo, que hoy lleva su nombre, para conservar las reliquias históricas de las guerras libertadoras, que fue inaugurado en 1899. En 1901 ocupó la alcaldía por elección. Creó además la biblioteca anexa al museo, la Academia Municipal de Bellas Artes y realizó otras obras de carácter público. En 1905 fue senador de la República y se opuso a la intervención norteamericana, pero su propuesta al Congreso fracasó. Colaboró en distintas publicaciones santiagueras y en la Revista bimestre Cubana y El Fígaro, de la capital, entre otras. Fue miembro de la Academia de la Historia y de la Academia Nacional de Artes y Letras. Su drama en tres actos Al abismoCuba Contemporánea apareció en la revista (La Habana, 39: 27-88, 1925). Dejó inéditas las novelas La hija de Hatuey, Filigrana y El Doctor Boileau, así como las piezas de teatro Casada, virgen y mártir y La vida.
El Liceo de Puerto Príncipe en 1867 le premió por su memoria Conveniencia de reservar a la mujer ciertos trabajos.
Bibliografía activa: Crónicas de Santiago de Cuba, 1908, 1913, 1923-1925. /Via Crucis. Primera parte: Páginas de ayer, 1910, 1914. /Hacia tierras viejas (notas e impresiones de viaje), 1914. /Via Crucis. Segunda parte: Magdalena, 1914. /Doñas Guiomar: Tiempos de la conquista (1536-1548). (novela histórica), 1916-1917. /Florencia Villanova y Pío Rosado. 1854-1880. Notas históricas rápidas, 1920. /La Condesa de Merlín, 1924. /Cuentos de todas las noches, 1950.
Bibliografía pasiva: Carbonell, José Manuel. «Emilio Bacardí Moreau (1844-122)», en su La prosa en Cuba. Recopilación dirigida, prologada y anotada por [...], T. 2. La Habana, Imp. Montalvo y Cárdenas, 1928, p. 53-54 (Evolución de la cultura cubana. 1608-1927, 13). /Castellanos, José Guadalupe. «Emilio Bacardí Moreau», en su Figuras nacionales. Manzanillo, Editorial El Arte, 1950, p. 29-32. /Ducazcal, seud. de Joaquín Navarro Riera. «Patriota, altruista y escritor», en El Fígaro. La Habana, 42 (23 y 24): 477, ago. 23 y 30, 1924. /Guerra, Ramiro. «Crónica de Santiago de Cuba, por Emilio Bacardí y Moreau», en Cuba Pedagógica. La Habana, 7 (170): 15-16, feb. 19, 1909. /«Hacia tierras viejas, por Emilio Bacardí», en Cuba y América. La Habana, 2ª época, 18, 2 (2): 91, may., 1914. /Martínez Arango, Felipe. «Emilio Bacardí y Moreau», en su Próceres de Santiago de Cuba. Santiago de Cuba, Universidad de La Habana, 1946, p. 49-50. /Rodríguez Rendueless M. «Hacia tierras viejas, por Emilio Bacardí Moreau», en Universal. La Habana, 3 (61): 6-7, mar. 1, 1914; «El libro de Emilio Bacardí», en Cuba Nueva. La Habana, 1 (4): 4-5, nov. 14, 1915. /Romeu, Manuel E. «Doña Guiomar», en Letras. La Habana, 3ª época, 11 (1): 12, may. 5, 1918.
Es la Escalinata de Padre Pico una de las puertas del más santiaguero de todos los barrios: El Tivolí. Porque Padre Pico fija el límite entre las zonas alta y baja de Santiago de Cuba y soleada desciende hasta el barrio del Tivolí, escenario por excelencia del famoso carnaval santiaguero.
Por JESÚS RISQUET BUENO
La calle Padre Pico, erigida en honor a un cura de Santiago de Cuba, es sin dudas, una de las más conocidas de la ciudad y constituye, toda ella, un verdadero mirador natural por excelencia además de ser a nuestro parecer la más famosa calle escalonada de Cuba.
El encanto mayor de Santiago de Cuba está precisamente en recorrer sus calles que permiten sentir la familiaridad y el entusiasmo contagiosos de su gente.
Es la Escalinata de Padre Pico una de las puertas del más santiaguero de todos los barrios: El Tivolí. Porque Padre Pico fija el límite entre las zonas alta y baja de Santiago de Cuba y soleada desciende hasta el barrio del Tivolí, escenario por excelencia del famoso carnaval santiaguero.
Al pasear por las calles santiagueras, se puede degustar un rico café en La Isabelica, con sus pisos adoquinados y rústicos taburetes que recuerdan el cafetal de un francés que huyó de la guerra antiesclavista en Haití y se enamoró de una mestiza.
Pero quien recorra Santiago de Cuba no podrá sustraerse al sortilegio de la calle Padre Pico, ni podrá dejar de admirar la antigua Catedral en el entorno del parque Céspedes, flanqueado por el viejo Ayuntamiento.
Esta ciudad tiene el sabor mágico del ron auténtico, el encanto de la mezcla de razas europeas y africanas y posee la calidez no sólo de su clima, sino de su gente solidaria, defensora de su identidad.
La escalinata de padre Pico cuenta con 52 escalones, agrupados en 13 bloques de 4 peldaños cada uno, y 12 descansos.
Esta original calle peatonal fue construida en 1899 bajos los auspicios del alcalde Emilio Bacardí, dotando de esta manera, a la ciudad de uno de sus símbolos inconfundibles.
Hasta el momento en que se construyó la calle aquel lugar era conocido como la Loma de Carvacho, ya que en uno de sus locales de la esquina formada por las calles Santa Lucía y Padre Pico, entonces Calle del Hospital, en el mismo punto donde comenzaba la elevación, había una pulpería, propiedad de un catalán llamado Juan Carvacho Fernández, quien había llegado a Cuba en 1832 procedente de Venezuela.
Juan Carvacho Fernández adquirió otras casas en la propia loma que serían destinadas al arrendamiento, lo cual contribuyó a que, con más razón, el pueblo asociara con el nombre a tan pintoresco lugar; hasta que se proyectó y construyó la mencionada escalinata. A partir de ese momento comenzó a borrase de la memoria popular el antiguo nombre.
Don Emilio Bacardí fue quien propuso y logró que la calle antigua del hospital fuera rebautizada con el nuevo nombre de Padre Pico, en honor a Bernardo del Pico Redin, sacerdote católico muy recordado en Santiago de Cuba por su labor benéfica en el Convento de Belén.
En la zona del Tivolí existen además de la Escalinata de Padre Pico, otras calles con características similares, entre ellas podemos citar la Escalinata de la Calle Santiago, construida en la década del 40 del pasado siglo, la cual cuenta con 28 escalones divididos en 4 bloques de 7 peldaños cada uno; y la Escalinata de Virgen y Santa Rosa, de más reciente construcción y de menor altura y fama que las anteriores.
Pero Santiago es mucho más que eso, es la ciudad donde se escucha el sonido acompasado de los tambores y la trompeta china, que invitan al movimiento cadencioso por calles y plazas durante los carnavales o el Festival del Caribe. (Tomado de Trabajadores)
03 Jul
Posteado por: chago in: Batalla Naval, Historia
POR Gustavo Placer Cervera
La acción naval del 3 de julio de 1898, frente a Santiago de Cuba, fue uno de los sucesos más significativos de la guerra hispano-cubano-norteamericana.
Ese día, en horas de la mañana, la escuadra española, comandada por el contralmirante Pascual Cervera, que se encontraba en Santiago de Cuba, fue obligada a salir, por órdenes del gobernador y capitán general de Cuba, Ramón Blanco, para enfrentar a la escuadra estadounidense, muy superior en número, en alcance y calibre de su artillería, en blindaje, y que ocupaba una posición táctica muy favorable.
Esta salida constituía el trágico final de una dramática situación que había comenzado cuando el mando naval de
, desoyendo las advertencias de Cervera, lo había enviado a Cuba, a enfrentar, en condiciones desventajosas, a fuerzas mayores. A través del tiempo, historiadores y estudiosos han especulado sobre las verdaderas motivaciones de ese traslado, siendo al parecer una de las más poderosas el reclamo del gobierno colonial y de intereses proespañoles de contar con un respaldo naval. En esta decisión influyó también, un cierto menosprecio, por ignorancia, de las posibilidades combativas del adversario.
La denominada Escuadra de Operaciones en las Antillas, compuesta por cuatro cruceros acorazados y dos destructores de torpederos, se había reunido en Cabo Verde y se le dio orden de partida el 26 de abril, recién comenzadas las hostilidades. Después de una azarosa travesía, logró arribar a Santiago de Cuba el 19 de mayo, sin haber sido detectada por los buques estadounidenses de exploración.
El mando naval norteamericano confirmó el 29 de mayo la presencia de Cervera en Santiago de Cuba y estableció desde ese momento un férreo bloqueo de la bahía. Días después, con la decisiva cooperación de fuerzas del Ejército Libertador, tropas estadounidenses desembarcaron al este de Santiago y avanzaron sobre la ciudad.
El día 2 de julio, después de los combates de San Juan y El Caney, y del avance de las tropas cubanas, el cerco a la capital oriental se estrechó y tanto al gobierno de Madrid como a su representante en La Habana les preocupaba que la escuadra fuera capturada lo que —decían— pondría en entredicho el honor de la Metrópoli. Cervera, por su parte, había propuesto en varias ocasiones emplear el personal y armamento de sus buques en la defensa terrestre de la ciudad, donde tenían posibilidad de oponer una tenaz resistencia. Estas propuestas no fueron escuchadas y se le ordenó salir.
La escuadra estadounidense estaba formada por cuatro acorazados, un crucero acorazado y dos yates artillados, situados en forma de semicírculo a unas 3 o 4 millas de El Morro. Los buques españoles tenían, necesariamente, que salir de la bahía en columna e irse enfrentando, uno a uno, con todos los navíos del adversario.
El primero en salir fue el crucero Infanta María Teresa, buque insignia de Cervera, que avanzó resueltamente sobre la formación enemiga para atraer sobre sí todo el fuego y permitir la salida de los que venían detrás. Dada su posición, solo podía disparar con los tres cañones de proa, contra él podían hacerlo 45 piezas de grueso calibre. Avanzó así durante más de diez minutos, soportando un tremendo castigo, hasta que, incendiado y con numerosas bajas, fue lanzado contra la costa para evitar su captura y salvar lo que quedaba de la tripulación.
El segundo buque en salir, el Vizcaya, y el tercero, Cristóbal Colón, pudieron, gracias al sacrificio del Teresa, ir más lejos. Alcanzados finalmente por sus perseguidores, fueron hundidos. El cuarto de los buques en salir, el Almirante Oquendo, corrió igual suerte que el Teresa. Los dos destructores fueron hundidos casi en la boca de la bahía.
El éxito estadounidense, basado en su superioridad numérica y tecnológica y en la ventajosa posición táctica, se alcanzó con una sola baja mortal y un herido. Los españoles tuvieron 350 muertos, 160 heridos graves y 1 720 prisioneros.
Hace diez años, cuando estaba próxima la conmemoración del centenario de aquellos hechos, el líder de la Revolución cubana expresó: “creo que una de las páginas más heroicas de la historia de España la escribió la escuadra de Cervera, y la más grande victoria moral”.
Comunicado del combate naval de Santiago que el almirante don Pascual Cervera cursó al general en jefe y al Ministro de Marina
Excmo. e Ilmo. Sr.:
En cumplimiento de las órdenes de V.E.I., con la evidencia de lo que había de suceder y tantas veces había anunciado, salí de Santiago de Cuba con toda la Escuadra que fue de mi mando, en la mañana del día 3 del corriente mes de julio.
Las instrucciones dadas para la salida eran las siguientes: El «Infanta María Teresa», buque de mi insignia, había de salir el primero, siguiendo sucesivamente el «Vizcaya», «Colón», «Oquendo» y destructores. Todos los barcos tenían todas sus calderas encendidas y con presión.
Al salir el «Teresa» empezaría el combate con el enemigo que estuvieran más a propósito, y los que le seguían procurarían dirigirse al oeste a toda fuerza de máquinas, tomando la cabeza el «Vizcaya». Los cazatorpederos habían de mantenerse, si podían, fuera del fuego, espiar un momento oportuno para obrar, si se presentaba, y tratar de escapar con su mayor andar, si el combate nos era desfavorable.
Los buques salieron del puerto con una precisión tan grande, que sorprendió a nuestros enemigos, quienes nos han hecho muchos y muy entusiastas cumplimientos sobre el particular. Tan pronto como salió el «Teresa» rompió el fuego a las 9 h. 35 m., sobre un acorazado que estaba próximo, pero dirigiéndose a toda fuerza de máquina sobre el «Brooklyn», que se encontraba al SO. y que nos interesaba tratar de poner en condiciones de que no pudiera utilizar su posterior andar. Los demás buques empeñaron el combate con los otros enemigos que acudían de los diversos puntos donde estaban apostados. La Escuadra enemiga constaba aquel día de los siguientes buques frente a Santiago de Cuba: «New York», insignia del Contraalmirante Sampson; «Brooklyn», insignia del comodoro Schley; «lowa», «Oregón», «Indiana», «Texas» y varios buques menores, o mejor dicho, transatlánticos y yates armados. Realizada la salida se tomó el rumbo mandado, y el combate se generalizó con la desventaja, no sólo del número sino del estado de nuestra artillería y municiones de 14 centímetros que conoce V.E.I. por el telegrama que le puse al quedar a sus órdenes. Para mí no era dudoso el éxito, por más que alguna vez creí que no sería tan rápida nuestra destrucción.
Al «Infanta María Teresa» un proyectil de los primeros le rompió un tubo de vapor auxiliar por el que se escapaba mucho, que nos hizo perder la velocidad con que se contaba; al mismo tiempo otro rompía un tubo de la red de contra incendios. El buque se defendía valientemente del nutrido y certero fuego del enemigo, y no tardó mucho en caer entre los heridos su valiente comandante, capitán de navío don Víctor M. Concas, que tuvo que retirarse y como las circunstancias no permitían perder un segundo, tomé por mí mismo el mando directo del buque esperando ocasión de que pudiera llamarse al segundo comandante, pero ésta no llegó, porque el combate arreciaba, los muertos y heridos caían sin cesar, y no había que pensar en otra cosa que en hacer fuego en tanto que se pudiera.
En tal situación, teníamos fuego en mi cámara, donde debieron hacer explosión algunos de los proyectiles que allí había para los cañones de 57 mm.; vinieron a participarme haberse prendido fuego al cangrejo de popa y caseta del puente de popa, al mismo tiempo que el incendio iniciado en mi cámara se corría al centro del buque con gran rapidez, y como no contábamos con agua, fue tomando cada vez más incremento siendo impotentes nosotros para atajarlo. Comprendí que el buque estaba perdido y pensé desde luego en donde lo vararía para perder menos vidas, pero continuando el combate en tanto fuera posible.
Desgraciadamente el fuego ganaba terreno con mucha rapidez y voracidad, por lo que envié uno de mis ayudantes con la orden de que se inundasen los pañoles de popa, encontrándose éste ser imposible penetrar en los callejones de las cámaras a causa del mucho humo y del vapor que salía por la escotilla de la máquina, donde también le fue absolutamente imposible penetrar, a causa de no permitir la respiración abrasadora de la atmósfera; por tanto fue necesario dirigirnos a una playita al 0. de Punta Cabrera, donde embarrancamos con la salida, al mismo tiempo que se nos paraba la máquina; era imposible subir municiones ni nada que exigiera ir bajo la cubierta acorazada, sobre todo a popa de las calderas, y en tal situación no había que pensar más que en salvar la parte que se pudiera de la tripulación, de cuya opinión fueron el segundo y tercer comandantes y los oficiales que se pudieron reunir, a los que consulté si creían que podía continuar el combate, contestando que no.
En tan penosa situación, habiendo empezado las explosiones parciales de los depósitos de las baterías, di orden de arriar la bandera e inundar todos los pañoles: la primera no pudo ejecutarse a causa del terrible incendio que había en la toldilla, habiéndose quemado al poco rato. Ya era tiempo: el fuego ganaba con mucha rapidez y apenas hubo el suficiente para abandonar el buque, cuando ya el fuego llegaba al puente, y eso ayudados por dos botes americanos que llegaron como tres cuartos de hora después de la embarrancada.
Entre los heridos están el teniente de navío don Antonio López Cerón y alférez de navío don Angel Carrasco, y faltan el capitán de Infantería de Marina don Higínio Rodríguez, al que creo mató un proyectil, el alférez de navío don Francisco Linares, el segundo médico don Julio Díaz del Río, el maquinista mayor de primera clase don Juan Montero y el de segunda don José Melgares, cuyo cadáver salió a la playa. El salvotaje se hizo tirándose al agua los que sabían nadar, intentando tres veces llevar una guía a tierra, lo que sólo se consiguió a última hora y ayudados por los dos botes americanos de que llevo hecha mención. Nosotros arriamos un bote que parecía bueno e inmediatamente se fue a pique, y se echó al agua un bote de vapor, que sólo pudo hacer un viaje, porque también se fue a pique por efecto de las averías que tenía, al intentar volver a bordo por segunda vez, quedando agarrados a él los tres o cuatro hombres que lo llevaban y que se salvaron unos a nado y otros los recogió un bote americano.
El comandante, ayudado por buenos nadadores, había ido a tierra; el segundo y tercero dirigían a bordo el embarco, y necesitándose dirección en tierra, cuando ya venían los botes americanos, yo me fui a nado, ayudado por dos cabos de mar llamados don Juan Llorca y Andrés Sequeiro y mi hijo ayudante, teniente de navío don Angel Cervera.
Concluido el desembarco de la gente, fui invitado por el oficial americano que mandaba los botes de seguirle a su buque, que era el yate armado «Gloucester», a donde fui acompañado de mi capitán de bandera herido, de mi hijo ayudante y del segundo del buque que fue el último que lo abandonó.
Durante este período, el aspecto del buque era imponente porque se sucedían las explosiones y estaba para aterrar a las almas mejor templadas.
Nada absolutamente creo que pueda salvarse del buque, y nosotros lo hemos perdido todo, llegando la inmensa mayoría absolutamente desnudos a la playa.
Pocos minutos después que el «Teresa» embarrancaba el «Oquendo» en una playa como a media legua al oeste de él, con un incendio parecido al suyo, y se perdieron de vista por el Oeste el «Vizcaya» y el «Colón», perseguidos por la escuadra enemiga. Según me ha manifestado el contador del «Oquendo», único oficial que está en el mismo buque que yo, la historia de este desgraciado buque y su heroica tripulación es la siguiente, que tal vez se rectifique algo, pero sólo en detalles, no en el fondo de los hechos:
El desigual y mortífero combate sostenido por este buque se hizo más desigual aún porque al poco tiempo de comenzado un proyectil enemigo entró en la torre de proa matando a todo el personal de ella, menos un artillero que quedó muy mal herido.
A la batería de 14 centímetros, barrida por el fuego enemigo desde el principio, sólo le quedaron dos cañones útiles, con los que continuó defendiéndose con una energía incomparable. También la torre de popa quedó sin su oficial comandante, muerto por un proyectil del enemigo que entró al abrir la puerta para poder respirar, porque se asfixiaban dentro. No conoce el Contador la historia de la batería de tiro rápido y sólo sabe que disparaba, seguramente, lo mismo que toda esta valiente tripulación. Hubo dos incendios: el primero, que se dominó, ocurrió en el sollado de proa, y el segundo, que se inició a popa, no se pudo dominar, porque ya no daban agua las bombas, quizá por las mismas causas que en el «Teresa».
Los ascensores de municiones de 14 centímetros faltaron desde el principio, pero no faltaron municiones en la batería, mientras que pudo batirse, por los repuestos que, a prevención, se habían puesto en todos los buques. Cuando el valiente comandante del «Oquendo» vio que no podía dominar el incendio y no tenía ningún cañón en estado de servicio, fue cuando se decidió a embarrancar, mandando previamente disparar todos los torpedos, menos los de popa, por si se acercaba algún buque enemigo, hasta que llegado el último extremo mandó arriar la bandera, minutos después que el «Teresa» y previa consulta a aquellos oficiales que estaban presentes. Los comandantes segundo y tercero y tres tenientes de navío habían ya muerto. El salvamento de los supervivientes fue organizado por su comandante, que ha perdido la vida por salvar la de sus subordinados. Hicieron una balsa, arriaron dos lanchitas, únicas embarcaciones que les quedaban útiles, y últimamente fueron auxiliados por embarcaciones americanas, y según me dijo un insurrecto, a quien hablé en la playa, también les auxilió un bote que éstos tenían.
Sublime era el espectáculo que presentaban estos dos buques; las continuas explosiones que se sucedían sin cesar, no acobardaban a estos valientes, que han defendido sus buques hasta el punto de no haber podido ser hollados por la planta de ningún enemigo.
Cuando fui invitado por el oficial americano a seguirlo, según dije a V.E.I anteriormente, di instrucciones para el reembarco al tercer comandante don Juan Aznar, a quien no he vuelto a ver desde entonces. Al llegar al buque americano, que era el yate armado «Gloucester», encontré allí una veintena de heridos pertenecientes en su mayor parte a los cazatorpederos, los comandantes de éstos, tres oficiales del «Teresa», el Contador del «Oquendo» y nos reunimos entre todos hasta noventa y tres personas, pertenecientes a las dotaciones de la Escuadra.
El comandante y oficiales del yate nos recibieron con las mayores atenciones, esforzándose por atender a nuestras necesidades, que eran de todo género, porque llegamos absolutamente desnudos y hambrientos; me manifestó el comandante que como su buque era tan pequeño, no podía recibir aquella masa de gente, e iba a buscar un buque mayor que los embarcara. Los insurrectos, con quienes yo había hablado, me habían dicho que con ellos tenían unos 200 hombres entre los que había 5 ó 6 heridos, y me añadieron de parte de su jefe que si queríamos irnos con ellos les siguiéramos y nos auxiliarían con lo que ellos tenían, a lo que les contesté que dieran las gracias a su jefe y le dijeran que nosotros nos habíamos rendido a los americanos; pero que si tenían médico, les agradecería que curaran una porción de heridos que teníamos en la playa, algunos de ellos muy graves.
Al comandante del yate le comuniqué esta conversación con los insurrectos y le supliqué reclamara nuestra gente, lo que me prometió, enviando al efecto un destacamento con bandera. También envió algunos víveres de que tan necesitados estaban en la playa.
Seguimos después hacia el O. hasta encontrar el grueso de la Escuadra, de la que se destacó el crucero auxiliar «Paris», y nuestro yate siguió hasta frente a Cuba, donde recibió órdenes con arreglo a las que unos fuimos transbordados al «Iowa» y otros lo fueron a otros barcos.
Durante mi permanencia en el yate pedí a los comandantes de los cazatorpederos noticia de la suerte que les había cabido, teniendo el conocimiento de saber su triste fin.
De lo ocurrido al «Furor», puede V.E.I. enterarse detalladamente por la adjunta copia del parte de su comandante; en él encontró una muerte gloriosa el capitán de navío don Fernando Villaamil, y el número de bajas acredita cómo se ha conducido este pequeño buque cuyo comandante también fue herido levemente.
Cuando llegué al «Iowa», donde fui recibido con toda clase de honores y consideraciones, tuve el consuelo de ver en el portalón al bizarro comandante del «Vizcaya», que salió a recibirme con su espada ceñida porque el comandante del «Iowa» no quiso que se desprendiera de ella en testimonio de su brillante defensa. Adjunta es también copia del parte que me ha producido, por el cual vendrá V.E.I. en conocimiento de esta historia tan parecida a la de sus hermanos «Teresa» y «Oquendo», lo que prueba que los mismos defectos han producido las mismas desgracias, habiendo sido todo cuestión de tiempo.
En el «Iowa» estuve hasta las cuatro de la tarde, en que fui trasbordado al «San Luis», donde encontré al general segundo jefe y comandante del «Colón».
Cuando estando aún en el «Iowa» se incorporó el almirante Sampson, le pedí permiso para telegrafiar a V.E.I., haciéndolo en los Siguientes términos:
«En cumplimiento de las órdenes de V. E., salí ayer mañana de Cuba con toda la Escuadra, y después de un combate desigual contra fuerzas más que triples de las mías, toda mi Escuadra quedó destruida, incendiados y embarrancados el “Teresa”, “Oquendo” y “Vizcaya”; el “Colón”, según informes de los americanos, embarrancado y rendido; los cazatorpederos a pique. Ignoro aún las pérdidas de gente, pero seguramente sumen más de 600 muertos y muchos heridos, aunque no en tan grande proporción. Los vivos somos prisioneros de los americanos. La gente toda rayando a una altura que ha merecido los plácemes más entusiastas de los enemigos. Al comandante del “Vizcaya” le dejaron su espada. Estoy muy agradecido a la generosidad e hidalguía con que nos tratan. Entre los muertos está Villaamil y creo que Lazaga; entre los heridos, Concas y Eulate. Hemos perdido todo y necesitaré fondos. - Cervera. - 4 de junio de 1898.»
En cuyo, telegrama hay que rectificar la suerte del «Plutón», que no fue echado a pique, sino que, sin poderse sostener a flote, consiguió embarrancar como V.E.I. verá en el parte de su bizarro comandante.
Réstame decir a V.E.I., para completar los rasgos característicos de esta lúgubre jornada, que nuestros enemigos se han conducido y se conducen actualmente con nosotros con una hidalguía y delicadeza que no cabe más; no sólo nos han vestido como han podido, sino que han suprimido la mayor parte de los «hurras» por respeto a nuestra amargura; hemos sido y somos objeto de entusiastas felicitaciones por nuestra actuación, y todos, a porfía, se han esmerado en hacernos nuestro cautiverio lo más llevadero posible.
En resumen: la jornada del 3 ha sido un desastre horroroso, como yo había previsto; el número de muertos es, sin embargo, menor del que yo temía; la Patria ha sido defendida con honor y la satisfacción del deber cumplido dejan nuestras conciencias tranquilas, con sólo la amargura de lamentar lo pérdida de nuestros queridos compañeros y las desdichas de 1a Patria.
También acompaño a V.E.I. relación de los jefes, oficiales y guardias marinas muertos, heridos, contusionados y desaparecidos y otra de los heridos no oficiales que hay en este buque; la gran masa de heridos está a bordo del buque hospital, que es el vapor «Solace».
Como comprendo que V.E.I. tendrá dificultades para transmitir esta comunicación, me permito enviarle un traslado al Excmo. Sr. Ministro de Marina.
Dios guarde a V.E.I. muchos años.
En la mar, a bordo del «San Luis», 9 de julio de 1898.
Firmado: Pascual Cervera.
Por MERCEDES SANTOS MORAY
Anualmente, en Santiago de Cuba se celebra el “Máscara de Caoba”.
Decir que Santiago de Cuba es un escenario vivo, es como reparar solo en la punta de un iceberg. En cada espacio de la ciudad laten cánticos y baile; la música se adueña de sus pobladores y también de cuántos llegan a esa urbe acunada por el mar y las montañas.
De ese ambiente serán partícipes, del 19 al 25 de este mes, los participantes en el XV Festival y Concurso Nacional Máscara de Caoba, dedicado a la destacada actriz Nancy Campos Neyra y al teatro popular.
Nancy Campos, quien junto a su esposo, el también actor Dagoberto Gainza, encabeza el grupo de teatro A Dos Manos, arriba a los 40 años de trabajo en la escena cubana.
Compañías y grupos teatrales de Santiago de Cuba y de otras provincias participan en el Festival, que incluirá el encuentro teórico sobre las artes escénicas, en la Casa de las Tradiciones del legendario barrio El Tivolí, fundado a principios del siglo XIX frente a la bahía por colonos franceses y sus esclavos que llegaron a la Isla al estallar la Revolución haitiana.
El concepto de teatro popular destaca entre los temas que debatirán los asistentes a la cita, durante la cual se realizarán talleres sobre diferentes disciplinas del mundo escénico.
El desaparecido teatrista santiaguero Rogelio Meneses será homenajeado en esta decimoquinta edición, con la muestra Máscara sobre Máscara, del diseñador Eduardo Guasch y en la que además participan José Manuel Fernández y Milagros Guzmán.
Pinturas, máscaras, diseños e instalaciones se exhibirán en la galería del Cabildo Teatral Santiago, en la céntrica calle Enramada.
Asimismo, se estrenará el documental dedicado al teatro de realizaciones, de la realizadora Alina Morante.
Para el público infantil se presentarán las obras Panta y Osín contra los bichitos picamuelas y Orejicorto, del grupo Tijo, de la Isla de la Juventud; Ruanda, de Polichinela, Ciego de Ávila; Historia de un amor agridulce, de Alánimo, Villa Clara; Galápagos, del Guiñol de Holguín; La mágica, de Retablo, Cienfuegos; Tierra a la vista, del Guiñol de Camagüey; Pelusín y la esperanza, de Nueva Línea, Ciudad de La Habana; Canela, del santiaguero Gestus, y Fábula de un país de cera, El rey de los caramelos y Fifi, del Guiñol de la provincia sede.
Entre las propuestas para adultos, mientras tanto, estarán piezas como Cintas de seda, del Teatro Alas, y El muro de sueños, del Teatro Laboratorio Espacio Vacío, ambos de Granma, y Aceite+Vinagre=Familia, Estaba en casa y esperaba que llegara la lluvia, El caballero de Pogolotti, ambas de Gestus, de Santiago de Cuba.
Representaciones de diferentes estéticas, como Hamlet Revolution, de Teatro Espacio Interior, de Camagüey; Mamá tiene leche, de El Mejunje, Villa Clara; Sangre, todos los hombres son iguales, de Alas Buenas, Holguín; La noche del Pez Luna, de Velas Teatro, Cienfuegos; Carmen, del Teatro Buendía, y El cerco de Leningrado, de Teatro D’ Dos, ambos de Ciudad de La Habana, e Inopia, de Guerrilla de teatreros, Granma, convertirán a la ciudad heroica en uno de los más privilegiados escenarios en este inicio del verano.
(Tomado de Cubahora)
Por GUSTAVO PLACER CERVERA
Nacido en Santiago de Cuba hace exactamente 160 años, el 28 de mayo de 1848, Enrique Collazo fue llevado a España, con apenas nueve años, por su tío y padrino. Entonces ingresó como cadete de la Escuela de Artillería de Segovia de la cual se graduó en 1866, tras cuatro años de estudios, y recibió el grado de alférez. Dos años después resultó ascendido a teniente.
Al tener contacto con jóvenes compatriotas residentes en España que simpatizaban con la causa independentista, decidió abrazarla, abandonó el ejército español, escapó a Francia y logró embarcarse hacia Nueva York. Casi inmediatamente se alistó como soldado en una expedición que desembarcó el 11 de mayo de 1869 al norte de la región oriental de Cuba.
Al día siguiente, entró en combate y fue herido. Poco tiempo después, ya repuesto, pasó a ser ayudante del general Máximo Gómez, a quién acompañó durante dos años, alcanzando el grado de capitán.
Debido a su precaria salud, se le ordenó salir de Cuba. Regresó procedente de Estados Unidos, y en septiembre de 1875 se reincorpora al Ejército Libertador en Camagüey. En abril de 1877 fue ascendido a comandante.
Un año después, cuando se firmó el Pacto del Zanjón, Enrique Collazo no estuvo de acuerdo con él, pero lo acató disciplinadamente. Partió hacia Jamaica, como acompañante de Máximo Gómez.
Retorna a Cuba en 1887 para consagrarse de nuevo a la causa de la independencia. En contacto con José Martí, Juan Gualberto Gómez y José María Aguirre realizó trabajos conspirativos en La Habana.
Las críticas que Martí hiciera sobre el libro “A pie y descalzo” de Ramón Roa, desataron una fuerte polémica entre el Apóstol y Collazo. La inteligencia y el patriotismo de ambos hicieron posible que se esclarecieran las confusiones y exageraciones expresadas al calor del debate y a la postre, Collazo se convirtió en uno de los hombres de confianza de nuestro Héroe Nacional.
Enrique Collazo publicó en La Habana su primer libro, Desde Yara hasta el Zanjón (1893), uno de cuyos méritos fue el de contribuir a elevar la moral revolucionaria de la juventud cubana en momentos en que se preparaba la reanudación de la lucha armada por la independencia.
El 29 de enero de 1895, Collazo firmó en Nueva York, junto a José Martí y el general Mayía Rodríguez, la orden de alzamiento que reiniciaba la guerra contra el poder colonial en Cuba. Posteriormente, organizó la expedición que desembarcó el 19 de marzo de 1896 en la Playa de Varadero. En agosto de ese año, fue ascendido al grado de general de brigada y ocupó la jefatura de diferentes unidades del Ejército Libertador.
Durante estos años, y hasta su licenciamiento, Collazo permaneció bajo las órdenes de Calixto García.
Concluida la guerra, Collazo retomó la pluma y se convirtió en el primer historiador cubano que criticó en sus obras a “nuestros paternales vecinos norteños”. Justo en 1900, publicó el libro Cuba Independiente y, prosiguiendo esa línea de lucha, continuó con Los Americanos en Cuba (1905) y Cuba Intervenida (1910), en el que expuso los antecedentes de la segunda intervención norteamericana. Su libro Cuba Heroica, publicado en 1912, contribuyó a elevar la conciencia patriótica del pueblo cubano. La Guerra en Cuba, fue publicada en 1926, póstumamente.
Enrique Collazo, hombre de acción y de pensamiento, fue el primero en Cuba que apeló, de manera sistemática, a la Historia para denunciar y luchar de manera intransigente contra el imperialismo norteamericano. Falleció en La Habana el 13 de Marzo de 1921.
GUSTAVO PLACER CERVERA. Autor de este artículo es Doctor en Ciencias Históricas.
Son de negros en Cuba
por Federico García Lorca
Cuando llegue la luna llena
iré a Santiago de Cuba,
iré a Santiago,
en un coche de agua negra.
Iré a Santiago.
Cantarán los techos de palmera.
Iré a Santiago.
Cuando la palma quiere ser cigüeña,
iré a Santiago.
Y cuando quiere ser medusa el plátano,
Iré a Santiago
con la rubia cabeza de Fonseca.
Iré a Santiago.
Y con la rosa de Romeo y Julieta
iré a Santiago.
Mar de papel y plata de monedas
Iré a Santiago.
¡Oh Cuba! ¡Oh ritmo de semillas secas!
Iré a Santiago.
¡Oh cintura caliente y gota de madera!
Iré a Santiago.
¡Arpa de troncos vivos, caimán, flor de tabaco!
Iré a Santiago.
Siempre dije que yo iría a Santiago
en un coche de agua negra.
Iré a Santiago.
Brisa y alcohol en las ruedas,
iré a Santiago.
Mi coral en la tiniebla,
iré a Santiago.
El mar ahogado en la arena,
iré a Santiago,
calor blanco, fruta muerta,
iré a Santiago.
¡Oh bovino frescor de cañavera!
¡Oh Cuba! ¡Oh curva de suspiro y barro!
Iré a Santiago.
Por JOSE A. FERNANDEZ SALAZAR y ADRIEL BOSCH CASCARE
- Universidad de Oriente
Una bahía es una mordida que le hace el mar a la tierra firme. Allí los hombres se aprovechan de estas disputas de las fuerzas de la naturaleza para fundar ciudades y construir sus vidas y sus casas.
En el año 1722 Santiago de Cuba era una villa próspera, donde hombres y mujeres le robaban intimidad a la virginal naturaleza cubana. Desde España llegaban hidalgos atraídos por el olor a fortuna de la Isla, pero que al final tenían que complacerse con el olor a perfume de rosas de una mulata bien distribuida.
En la metrópoli un rey francés llevaba la corona castellana luego de la guerra de sucesión, por lo que a la Mayor de las Antillas llegaban con frecuencia las herejes ideas de la Ilustración.
Por aquel entonces nuestros antepasados gustaban de ir todos los domingos a la Catedral de Santiago de Cuba, que todavía no había sido lastimada por los sismos. Después de la misa se reunían en el Cabildo para hablar del trazado de las calles nuevas o de las últimas noticias que venían del puerto.
Una mañana el Obispo de la villa, fraile Jerónimo de Nosti Valdés, comenzó a hablar a sus feligreses de la importancia de la educación y de la necesidad de crear nuevas instituciones culturales y pedagógicas que facilitarían el crecimiento de la villa.
Ese día en el Cabildo, surgió la iniciativa de crear una nueva escuela, adyacente a la Catedral y donde se estudiarían las disciplinas de la ciencia de la época, como Filosofía, Física, Moral y Retórica.
El Seminario fue fundado el 14 de abril de 1722, según consta en las actas de la Catedral de Santiago de Cuba, por el deán del cabildo catedralicio de la ciudad, Pedro Agustín Morell de Santa Cruz. Al colegio se le denominó San Basilio Magno por ser el nombre de la orden a la que pertenecía fraile Jerónimo de Nosti Valdés. El curso inició con solo dos cátedras: Gramática Latina y Canto Eclesiástico.
No fue hasta el año 1774 que se organizó la construcción de un nuevo edificio adaptado a la topografía accidentada del sitio y muy cercano a lo que hoy es el parque Céspedes.
La construcción sobrevivió a varios terremotos y ampliaciones hasta que en 1908 la Orden de Los Hermanos de La Salle se hizo cargo de la institución, fundando el Colegio Nuestra Señora de la Caridad.
La enseñanza en el Seminario de San Basilio el Magno fue atrasada, escolástica y limitada, realidades que no le quitan el mérito de ser la primera institución de enseñanza superior de la Isla, donde ejercerían el magisterio figuras de gran relevancia en la historia de nuestra cultura como Esteban Salas, padre de la música cubana.
Dos siglos después
Era octubre de 1947 y un grupo de soñadores, entre los que se encontraba la joven Vilma Espín, rescata las edificaciones de un viejo hospital en la colina de Quintero. El día 10, aniversario 79 del Alzamiento de Carlos Manuel de Céspedes, abriría sus puertas la Universidad de Oriente.
La matrícula inicial fue de 170 alumnos y 30 profesores, repartidos en las carreras de Filosofía y letras, Ingeniería Química Industrial, Derecho, Pedagogía y Contador Público, los que daban clases en el edificio de la Escuela de Comercio, hoy escuela de administración Félix Pena.
El día de la inauguración estuvo presente en el acto como símbolo de los ideales de independencia y libertad del proceso de identidad de la nación cubana, la campana de La Demajagua. Esta campana fue trasladada desde el ingenio del mismo nombre hasta la Ciudad Héroe, previo acuerdo de los veteranos de Manzanillo y Santiago de Cuba, debido a la importancia que se le concedía a este hecho, desde el punto de vista político, económico y social.
En su génesis la UO era una institución privada, porque quedaba fuera del presupuesto estatal, y sus principales pilares económicos eran las donaciones realizadas por algunos comerciantes industriales. No obstante, constituía una gran victoria para los habitantes de la zona oriental del país que vieron la posibilidad de preparar la fuerza de trabajo calificada para llevar hacia delante el desarrollo económico y social del territorio.
Aunque es reconocida por el Consejo de Ministros el 27 de abril de 1948, no es hasta el 22 de marzo de 1949 en que la Ley #16 del Gobierno de la República de Cuba, la oficializa.
La UO desde bien temprano creó sus propios juegos deportivos, los que decidió llamar Mambises en franca alusión de respeto y homenaje a aquellos rebeldes luchadores.
Su primer órgano de prensa sería el boletín Mambí
De esta forma los jóvenes universitarios santiagueros manifestaban su compromiso con los ideales frustrados de las guerras de independencias de Cuba. Este espíritu revolucionario los motivó a vincularse a las luchas de nuestro pueblo contra las injusticias de aquella época.
Un ejemplo de ello es que al producirse el golpe del 10 de marzo de 1952 empieza de inmediato el enfrentamiento de estudiantes y trabajadores universitarios contra la tiranía, y en este ambiente de rebeldía se funda en el centro la Escuela Obrera, que contaba entre sus iniciadores con Frank País y Pepito Tey, entre otros. Esto trae como consecuencia el cierre de la Universidad en 1956 debido al temor a lo que pudiera ocurrir allí: la tiranía batistiana.
La UO vuelve a reabrir sus puertas con el triunfo revolucionario de enero de 1959, justo cuando iniciaría otro capítulo de la historia de la Educación en Cuba, donde ella tendría un importante papel.
(Tomado de http://www.almamater.cu)
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